Sangre y Agua
Sentirnos privilegiados por pertenecer a nuestra hermandad es un signo de que el camino que se esta andando es el correcto, y que nuestros esfuerzos y desvelos no son en vano. Conseguir los hitos que estamos alcanzando es gracias a cada uno de vosotros y de vosotras, al trabajo, dedicación y amor con el que venís a vuestra casa, a hacerla más grande, más comunitaria y más cristiana.

Y todo esto, tengo el convencimiento más profundo, va a tener su eco en la próxima Estación de Penitencia, un nuevo Martes Santo tan deseado y necesario que debe convertirse en un acto solemne de manifestación pública de todas las muestras de fe que durante todo el año ofrecemos a nuestros Titulares; con la asistencia a nuestras celebraciones religiosas, a las que os invito encarecidamente a asistir, ya no solo porque sea nuestra obligación, si no por compartir en comunidad momentos de formación, reflexión y recogimiento en torno a Ellos.
Convertir nuestras calles en ríos de túnicas moradas, de selecto negro en forma de encaje de mantilla y, por primera vez, de blanco sacramental en honor a nuestro primer titular, que estrenará su insignia identificativa de que nuestra primera y mayor devoción es a Dios hecho carne en el Sacramento del Altar.
Un año en el que vamos a tener en el recuerdo a personas que se nos han marchado a la casa del Señor, personas importantes y ejemplos a seguir por todos nosotros en la tarea de llevar a la Sagrada Lanzada como bandera enarbolada del Amor más limpio y verdadero.
Tenemos la responsabilidad de explicarle al mundo porque nos hacemos llamar los elegidos de Dios, porque si, el nos elige a nosotros, y ese es el privilegio del que os hablaba al principio, el sentimiento de permanencia a una gran familia, humilde y trabajadora que es grande gracias a sus miembros, a vosotros y vosotras, hijos e hijas de la Caridad más bonita que existe, la del Amor de Dios.
Enrique Manuel Trujillo Jiménez
Hermano Mayor Hdad de la Lanzada
