La evolución de los pies del Señor
Tengo en mi mano una foto del Señor de la Lanzada y mirando su portentosa anatomía, mis ojos se detienen en sus pies, y me doy cuenta del paso del tiempo marcado por las huellas que han dejado la devoción de sus fieles.
Pero hoy me gustaría hablar de otros pies. Los pies de unos privilegiados que cada Martes Santo tienen la suerte de estar tras el faldón,
los pies de sus costaleros.

Aquellos a los que, cuando yo tan solo era un niño, veía como héroes sin capa, héroes que usaban como escudo una faja y por espada un costal.
Su cuadrilla "LA VALIENTE" en sus cerca de 40 años de historia ha pasado por multitud de cambios, vestimenta, personas que ya no están, capataces, forma de andar e incluso la manera de trabajar cambiando la trabajadera a hombros por el costal...
Recuerdo bien cuando nos "engañaron" diciendo que aquel cambio a costal dejaría atrás todos nuestros problemas. Con apenas 40 costaleros empezamos nuestra andadura en el mundo del costal.
Los años pasaron y las cosas empezaron a complicarse más de lo que nos imaginábamos. Por entonces se veían los "servicostales", costales no más grandes que un paño de cocina, de arpillera o de punto de cruz, las posturas de los costaleros no eran las más correctas, el costal se resbalaba de la trabajadera y algún iluminado te decía que le echaras agua al costal para que no resbalase. ¡Que ciegos éramos!
En las igualás siempre aparecían las mismas caras deseando siempre ver alguna cara nueva. Huecos en el paso, regresos duros por la calle San Antón, cuadrillas esperando para echar una mano en algún punto de relevo, costaleros amigos que esperaban en las aceras para ayudar, músicos que dejaban de lado su instrumento por unas chicotás debajo del Señor… éstos eran algunos de los momentos y batallas que se encontraba la cuadrilla.
Pero afortunadamente la vida es una continua evolución… hay que
ver cómo empezamos y a dónde hemos llegado


El momento en el que todo acababa y a la vez todo comenzó fue con la llegada de nuestro capataz José Carlos Torres Milena y su equipo. Aquel primer año se fueron algunos miedos y afortunadamente ya no se viene a sufrir sino a disfrutar.
Muchas de las caras siguen siendo de hermanos conocidos, pero en las igualás cada año son más los costaleros que acuden buscando un sitio.
El problema de los capataces ya no es saber si tendrán suficientes costaleros, ahora tienen la dura labor de a quién dejar fuera ya que no hay sitio para todos. La cuadrilla está formada por dos igualás con "picos".
Los costales han mejorado mucho, abriéndose paso el saco de café y dejando atrás la arpillera y el punto de cruz. Las fajas de tela ya son inexistentes o se llevan de adorno. Las posturas de los costaleros ya son más estéticas y dejan ver un trabajo bien hecho.
Pero lo más importante que tiene la cuadrilla "LA VALIENTE" es su corazón, ese ambiente que respira una verdadera cuadrilla de amigos.
Raúl Fernández Castro

